Geisha, memorias de Mineko Iwasaki

seven 2 enero 2009 0

Memorias de una Geisha

Mineko Iwasaki sabe bien lo que es ser una Geisha en el moderno Japón.   Aunque ya hace muchos años  dejo el oficio de geisha, su historia, en la que Arthur Golden se inspiró para “Memorias de una Geisha” novela que luego fue exitosamente llevada al cine, Mineko que se vio retratada en Sayuri, pero que jamás aprobó la perspectiva que el autor le dio a su profesión, escribió su propia historia en un libro que también tendría su cuota de éxito “La vida de una Geisha”.  Mineko hoy ya una anciana vive Kioto, la que en su juventud fuera considerada una de las mejores geishas.

Las Geishas siempre han tenido su dósis de misterio y dudosa reputación.   Algunos occidentales han considerado milenariamente que las Geishas, y en esto resultan quizá algo desinformados son prostitutas caras, para ricos clientes.  Este punto está lejos de aclararse, el sexo no está incluido en el servicio de las geishas, pero sí puede y debe de haber existido en algún momento, todo depende de cómo lo manejara la cortesana, después de todo eso es una geisha.


Una cortesana a la usanza japonesa, pero una cortesana tan pulida y delicada como la joya más finamente acabada.    Las geishas existen desde hace siglos, nada mejor para las familias pobres que una niña hermosa destinada a servir como Geisha, un buen futuro para ellas y un pago inmediato para su familia que vendiéndola, lograba hacerse de algún dinero y la chica a servir a las populares y encantadoras geishas, aprender y con el tiempo convertirse en una de ellas.

Desde aprender a maquillar la cara, emblemáticamente blanca, labios rojos y ojos y cejas profundamente negras, así como aprender las más deliciosas artes de entretenimiento y literatura, poesía, lenguas, música, dotes baile, instrumentos músicales, una geisha no era y no es, porque aún existen algunas, pocas comparadas con los años en que Japón tenia miles de ellas, ninguna chica oscura y gris. Una geisha bellamente maquillada, un kimono deliciosamente diseñado y llevado por la geisha y una charla cautivante, es un lujo que pocos se pueden pagar, cuestan caro! después de todo las modernas geishas de hoy quizá no empiezan como las de antaño su entrenamiento, siendo niñas de 5 años, ahora las geishas son mujeres que han terminado la educación superior.

El mayor logro de una geisha? obtener un cliente que tenga suficiente dinero como para pagar por su servicio exclusivo. Hoy aún pueden verse algunas de aquellas caminando silenciosamente por las calles, con el mismo encanto y esplendor de sus antecesoras de cuatro siglos atrás.   Una geisha contra lo que pudiera pensarse, luego de muchos libros y películas sobre el tema, no es un juguete sexual, es una mujer encantadora, pulida y adiestrada, cuya compañía busca hacer placentera,

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