Mujer peculiar, Isabel de Wittlesbach, Sissy emperatriz

Sin duda lo que más ha contribuido a la fama, de la reina de Austria, fue su propia personalidad extrovertida, rebelde y exigente, y claro en vida ella misma con esos atributos se dedicó a construir el mito alrededor de su persona, que le sobrevivió hasta hoy, convirtiéndola también en una de esas nobles más llevadas a la pantalla de cine, que cualquier otra. Y es que Sissy una belleza de cabello negro y avispada cintura, tenía todo el espíritu aventurero para convertirla en un mito, y también en la menos apreciada por su suegra, que era a su vez su tía, Sofia Federica.
Aquella tía deseaba para el joven Francisco José, no a la traviesa y rebelde Sissy, como la llamaban sus parientes, sino a la hermana mayor Elena a la que llamaban Nené, y para tal intento, Francisco José las familias se reunieron, cual sería el disgusto de la madre del emperador, cuando aquel manifestó su deseo de casarse sí, con una de las hijas de Maximiliano de Baviera, pero no la mayor sino la menor y contra la opinión de su madre, impusó su decisión, casándose en 1854 con ella, haciéndola así Emperatriz de Austria y reina de Hungria.
Pronto la etapa de apasionado amor dio paso a la realidad, y Sissy parecía no encajar en la rigida etiqueta de la corte de los Habsburgo, era una mujer demasiado independiente para lo que esperaban, fumaba, leía a los clásicos, montaba a caballo con tal regularidad que lejos de parecer deporte parecía una obsesión, se mantenía a dieta permanente, lo mismo reía que se sentía desdichada. Odiaba la vida en la corte y el matrimonio, lo que sin duda contribuyó a algún affaire del emperador, solitario por los constantes viajes de su mujer, que para el colmo de la censura pública que ya sufría, viajaba con un séquito de casi 100 personas a cuanto lugar se le ocurriera y permanecía alejada de la corte durante largas temporadas.
De los hijos? la primógenita murió siendo muy pequeña, y de la segunda Gisella y Rodolfo el heredero, se ocupó la suegra, mientras Isabel se dedicaba a quejarse de esto y aquello, la última hija estuvo a su lado desde pequeña, y en ella volcó todo el amor que no dió a los otros por su alejamiento, que no fue voluntario, Sofía la suegra, decidió que Sissy no era la indicada para guiar la educación de sus propios hijos.
Y era una mujer querida por el pueblo, se sentía especialmente ligada a Hungría y aprendió húngaro llegando a hablarlo con desenvoltura, amaba a Francisco José y también él dio muestras de un amor permanente, pero sus carácteres estaban lejos de acercarse, él tenía que gobernar un reino en algunos lugares convulsionados y ella quería solo olvidarse de los problemas. Pronto la vida comenzo a ser dura, su hijo Rodolfo se metió en problemas y se suicidó junto con su amante, ella empezo a convertirse en una mujer obsesiva más que en su juventud; llegó a cubrir su rostro para que nadie más la viese que sus allegados, quería con ello mantener en la gente la imágen hermosa y juvenil de siempre, tanto le preocupaba la apariencia, vivía a jugo de carne y algunas naranjas, se ceñía el corsé hasta casi no poder respirar, y desde la muerte de su hijo, no volvió a quitarse el luto jamás.
Se dice que apenas se alimentaba, montaba a caballo largas horas y caminaba otras tantas, tenía una obsesión por la dieta y el peso, que hoy se ha confirmado que padecía sin duda anorexia y bulimia en diferentes etapas de su vida. Se deprimía y pasaba largas temporadas, sumida en la desolación y su relación con el Emperador a partir de su tercer embarazado se convirtió más en la de una amiga que la de una esposa, jamás volvió a compartir el lecho con él, y por ello apoyaba si aquel se sentía atraido por alguna mujer. La dieta excesiva la volvió irritable y la mantuvo durante años con problemas de insomnio.
Su vida después de todo, al verla en retrospectiva no era para nada felíz, se había alejado del Emperador gran amor de su juventud, y mantenía con él, eso sí una constante correspondencia desde todo lugar donde viajaba; se había mantenido distante de su hija Gisella, había muerto el heredero y se sentía cercana solo a la hija menor. Obsesionada por la belleza, no se permitía comer ni descansar, y se recluía para no mostrarse al público, una vida triste en realidad, que fue acabada el 10 de septiembre de 1898 cuando marchando por Ginebra para abordar el barco, fue empujada por un anarquista que se dirigía a asesinar a otra figura pública, aquella herida que en principio pensó no era nada, la mató las horas siguientes.
Moría a los 61 años, había nacido una mañana de abril de 1854 en Munich, fue una niña feliz, a la que su padre adoraba, y recibió una educación esmerada para convertirse, ellos así lo deseaban, en la esposa de algún noble europeo, no imaginaban que aquella hija se convertiría en Emperatriz de un reino y en un mito en la historia.

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