La cruel muerte de una inocente: Asha Dhuhulow
Cuando los padres de Asha Dhuhulow le enviaron lejos de casa, no imaginaban el dolor que su hija viviría y su muerte. Asha era una adolescente de catorce años, que por más que nos quieran hacer creer los culpables de su cruel muerte, fue “confundida” por su apariencia en una mujer de 24 años, vaya pretexto ¿cómo una niña de 14 años puede parecer una veinteañera 10 años mayor? sobretodo en esos lugares donde la gente vive en deplorable situación como refugiada y los niños apenas cuentan con limitadas oportunidades de ser alimentados. Asha no era una veinteañera ni parecía tal. Sus padres la enviaron lejos del campo de refugiados donde estaba para que viviera con su abuela, para ser tratada por una epilepsia que sufría.
Asha iba con destino a la casa de su abuela pero la guerra que Somalía vive durante ya muchos años, la atrapó en la ciudad de Kismayo. Una niña solitaria en medio de la guerra, expuesta a todo peligro y con poco dinero que se agotaba día a día, era presa fácil para el abuso. Tres hombres la llevaron a una playa solitaria y la violaron, cuando ella denunció los hechos las presiones no se hicieron esperar, solitaria e indefensa aceptó retirar la denuncia y aún en la necesidad extrema de alejarse del lugar y llegar a donde su abuela aceptó que le darían dinero para ello, cuando la renuncia fue retirada la capturaron y la condenaron por adúltera, por tener relaciones sin estar casada y a los hombres sus abusadores los libertaron.
Asha no pudo comunicarse con su padre hasta una hora antes de su ejecución, apenas pudo informarle que estaba camino al estado de la ciudad para ser lapidada, un camión cargado de piedras fue destinado al lugar donde miles de personas presenciaron la injusticia de una forma de “justicia” que ya ha costado muchas vidas durante mucho tiempo. Lejos de su hija sus padres pudieron hacer nada, y los que en el estadio se atrevieron a clamar justicia para ella fueron dispersados a tiros. Asha no murió bajo la primera andanada de piedras, y cuando confirmaron que aún vivía la emprendieron con más vigor sobre ella que permanecía dentro de un agujero.
Hoy la muerte de Asha sigue clamando justicia, su padre cuya familia ha sido atemorizada ha huido lejos de Somalía y Amnistia Internacional ha hecho suyo el reclamo por una investigación internacional y una sanción por la forma en que fueron encubiertos los violadores de Asha, por el “juicio” que le siguieron a la niña y por su muerte. Mientras Somalía se desangra por la cruenta guerra , las mujeres y todo aquel que se considere en peligro frente a la milicia o los poderosos clanes tiene que temer por su vida.
Asha es el reflejo de una sociedad aterrada que no pudo ayudarla, y de una parte de esa sociedad que mostró desprecio por su vida. Asha había nacido en medio de la guerra en una familia numerosa y de refugiados, sus años infantiles estuvieron llenos de la barbarie de la guerra y su viaje camino a la violencia y la muerte es el viaje de muchos refugiados.

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