Vidas truncadas: las niñas de Alcácer: y un padre condenado que clama por justicia
El triste caso de las tres niñas, brutalmente raptadas, violadas, torturadas y asesinadas, en la localidad valenciana de Alcásser, golpea la sensibilidad más encallecida por la vida. Tres jóvenes entre 14 y 15 años, que se dirigían a un baile escolar, han pedido un aventón en autostop, el cruel destino hizo que aquel aventón a la discoteca donde se reunirían con sus compañeros de clase, se los ofrecieran los asesinos que acabaron con sus jóvenes vidas.
Mucho tiempo ha pasado desde aquel noviembre de 1992, cuando desaparecieron y el amargo día de enero de 1993 cuando sus cadáveres fueron encontrados. Autopsias que develaron la crueldad que tuvieron las niñas, evidencias que apuntaban a dos vecinos del lugar, con historial delictivo que luego se comprobaría, estaban implicados en la tragedia de las adolescentes. Un acusado que huye, y que se dice murió en el mar, huyendo a Irlanda. Un asesino encarcelado que ha aportado todos los detalles del cruel asesinato. Y un hecho que con todo eso, no se puede decir que está aclarado y que la familia no puede sentirse que se le ha hecho justicia, y aún peor, el riesgo de saber que uno de aquellos asesinos está libre.
Hoy, los diarios dan cuenta de la condena del padre de Miriam, padre desconsolado y abnegado que ha dejado su negocio, y desde aquel funesto día se ha dedicado a clamar justicia, para quizá aunque ni toda la justicia, logrará calmar el dolor suyo y el de los padres de las otras chicas, por la hija que le han quitado en forma tan bestial. Aunque debemos reconocer, que la forma en que el asunto se ha ido yendo de las manos de los interesados, no se le puede condenar a un padre por pedir lo que él espera, justicia, que ha actuado apasionadamente, que es víctima de la condición de dolor en que se encuentra, ha servido de atenuante para el juez al dictar la sentencia, no es nada nuevo, imaginemos el dolor por el que pasa el pobre padre de Miriam.
Y aún así, ha sido condenado al pago de 285,000 euros por injurias. Ya les digo, no era la forma quizá, de pedir justicia, cuestionar a la autoridad, y aún acusar a algunos de los partícipes en las investigaciones del caso. Pero igual no se le puede negar que pida la justicia que cualquiera pediría, la mayor, la más dura, para aquel que se llevó a su hija y luego de violarla, la mató y la enterró.

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