Nuestro hogar, el mejor lugar…
Me encanta esa imágen con la que comienzan las películas de Disney, un trencito viniendo sobre una vía encima de un lago, y un castillito de ensueño a donde llega el trencito, seguro se lo han visto alguna vez. Y alguna vez en los años de su infancia o en sus momentos perdidos en las fantasías, se pensaron que la mayor felicidad estaría en habitar un castillo de cuento de hadas, el castillo de la Cenicienta, en la imágen, en donde todo es alegría y la felicidad dura para siempre, cierto o no?
Y aunque una ilusión infantil, si alguna vez te has pensando, que el mejor lugar era un castillo de hadas y duendes, reyes y princesas, la realidad si la miras bien, el mejor lugar no es el castillo encantado, con sus largas torres y sus románticos ventanales, ni siquiera las hermosas escalinatas y para nada su precioso puentecillo colgante, ni siquiera el principe que seguro, para eso es cuento de hadas, habita en el mismo.
El mejor lugar es nuestro castillo personal, el hogar donde crecimos y del que guardamos recuerdos llenos de sonrisas, aquel en donde han morado nuestros más preciados afectos y en donde disfrutamos lo mismo que alguna vez, nos habremos sentido desolados o preocupados.
Y siempre, al alejarnos de él, aunque la vida nos lleve por distantes derroteros, aquel lugar en donde hemos convivido con nuestros más cercanos afectos, nos acompaña, recordándonos aquella célebre frase, de que nada es mejor que el propio hogar!

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