Isabel, la del Madrigal…
En el Madrigal de Altas Torres, del pueblo de Avila, nació el 22 de abril de 1451, Isabel. La que mucho después llamarían “La Católica”, al nacer como referencian muchos historiadores, nadie imaginaba el gran papel que aquella niña jugaría en la historia de España, del mundo si cabe decirlo, la pieza clave en el asunto del descubrimiento del nuevo mundo.
En algún apartado en otra ocasión, escribí sobre ella, personaje admirado por muchos, y como sucede con los grandes personajes, atacado y menospreciado por otros. Isabel I de Castilla, la rubia de los Trástamara, la chica a la que achacaban ser demasiado severa, distante, orgullosa y ambiciosa, también se le puede achacar, generosidad, devoción extrema a sus creencias religiosas, fuerte en el pesar y valiente en el peligro.
Mujer de voluntad férrea, resignada ante lo inevitable y arriesgada en lo necesario. Mucho podría contarles, y aún debo añadir que es ella uno de esos personajes, de los que todo el mundo ha escrito algo. Mi personaje célebre, admirado desde niña, asunto que me llevo a leer mucho sobre ella durante todos estos años.
Al gran papel que desempeñó en la construcción de un imperio, que en la persona de su bisnieto Felipe II, sería aquel en el que no se ponía el sol, ha sido demasiado criticada para la gran obra que en tiempos difíciles se asumió. No tuvo felices días de infancia, y la juventud le fue particularmente solitaria. Su padre muerto y su madre victima de una demencia que con el tiempo, se cebaría en la poderosa familia de los Trástamara. No se casó enamorada, y tampoco se erigió como reina, por pura fortuna, menos aún tuvo un reinado de poco trabajo.
Y aún con todo eso, logró ser la reina que sus gobernados necesitaban; la esposa que un rey requería mientras se ocupaba de reconquistar el reino. Que no era bella, que gustaba casi nada de las frivolidades de la corte, que se empeñaba en el reino antes que en si misma y su prole, que era esto y que era aquello, al final una y de las mejores reinas. Isabel mantuvo su firmeza y valentía hasta el día en que agotada por el cáncer, murió en sus 53 años, en aquel lugar, que tanto decía querer, Valladolid.

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