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Cautiva…




CautivaAtrapada y sin aire se sentía hacia varios meses Alicia, no entendía por qué de pronto la vida que poco tiempo atrás le parecía un paraíso, ahora le aprisionaba, le aprisionaban las 4 paredes de aquella casa llena de cosas hermosas, y le aprisionaba la vida que llevaba, hasta cuándo dejaría de sentirse tan triste y acorralada?

No sabía qué responderse y ni caso valía preguntarse nada, ya pronto sería la hora de dormir y se olvidaría en brazos de Morfeo de la realidad, vaya triste excusa la que tenía para evadirse, pero en realidad, necesitaba más que eso para retomar su vida.

Silenciosa en sus preocupaciones estaba, cuando ha sonado la puerta de la casa, sin duda ha sido José que llegado del trabajo, como siempre cansado y aburrido, la tomaba con la pobre puerta, ojalá no la tomará ahora con ella, ya se había vuelto una forma de vida, de esta vida que la hacía sentir tan acorralada.

- Que día más jodido he tenido, no adivinarás cuánto me han líado en el trabajo hoy- comentaba el marido al dejar caer las llaves sobre la mesita.

- Lo siento, pero ya pasará, olvida la oficina y vamos a cenar- No se creía ella misma cuando se oía diciendo aquello, sonaba tan tonta y sumisa, que se avergonzaba de ella misma.

-Olvidarme? cómo crees? tan fácil para tí, tonta que nada haces, claro como soy yo el que tiene que ir a trabajar, qué sabes tu de trabajar grandisima perezosa? vociferaba José



Una lágrima rodaba por la mejilla de Alicia, mejor no diría más, se enfurecería y cuando eso sucedía todo iba peor.  José lejos de calmarse con la mirada llena de tristeza de su mujer, no hacía más que refunfuñar sobre lo cara que era la vida, sobre lo cansado que vivía, sobre un día perder la paciencia, sobre esto y aquello, culpando a la pobre Alicia de todos sus problemas.

- Te he servido la cena, ven que se enfría- ha dicho Alicia callada, temerosa, pérdida en sus miedos.

- Faltaba más que me dieras la cena fría, que ni eso puedes ocuparte bien, apresurarme? anda ya! no me hagas enojar que ya sabes que no soy yo cuando me enojo-   Gritaba aquel como siempre hacía cuando andaba malhumorado.

Alicia callaba y sentada a su lado, apenas tenía ganas de comer, la comida en realidad le sabía mal, tan aburrida estaba de esto, pero más aburrida estaba de temer, de los gritos, de las malas maneras, el estar siempre en casa con el deseo de volver al trabajo aquel que tanto le gustaba, pero no se atrevía a mencionarlo José se enojaría y no quería sufrir su ira.

Callaba, desde hacia tiempo que eso era lo único que hacía. Callar y bajar la mirada, cuando aquel José que de novios era tan dulce y cariñoso, le gritaba y tiraba las cosas por los suelos. Mejor callar…quizá algún día todo cambiaría, dejaría de gritar y volvería a ser como antes, quizá ella tenía la culpa pensaba, quizá no soy tan buena y me lo merezco.

Ha terminado la cena y José rie de lo lindo frente al televisor, le gustan las peleas de boxeo y todo lo que sea golpes y patadas.  Ella en la cocina limpia los platos, ya luego esperará que él marche a dormir, quizá hoy se duerma pronto y no vuelva sobre sus problemas en el trabajo, y sus quejas, y la culpe de todo lo que pase.

Sentada en el sofá, espera aburrida que llegue la hora de dormir. Quizá mañana sea mejor día, no hay duda que él cambiará, mientras eso pasa mejor será callar.

No te calles!  nadie es dueño de tu voz y tu libertad.


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