Un dÃa cotidiano en la vida de una mujer africana

Nuestro moderno mundo lo es para muchos es cierto, por muy poco desarrollo que algunos paÃses en el mundo hayan logrado, y aunque muchos vivan en economÃas de pobreza, algo de ese mismo desarrollo les habrá alcanzado. Quizá tengan ahora acceso donde no se pensaba antes a la electricidad, al internet! a todo aquello que para otros en las llamadas “primeras economÃas del mundo” son cosas cotidianas. Es bueno el progreso y trae siempre como todo, cosas buenas y no tan buenas, pero siempre es mejor avanzar que retroceder.
Y mientras avanzamos por el progreso, alguna vez nos sentimos chocados ante las imágenes de ese progreso que en algunos lugares aún escasea, el progreso para la mujer, las oportunidades de educación y trabajo que para muchas de ellas aún no existen, la falta de oportunidades que golpea a nuestras sensibilidades. Y cuando algunos dirán que soy pesimista, o alarmista solo bastarÃa recorrer en la mente, las horas de una mujer en el continente negro, el dÃa que en algunos lugares a otras nos parece corto por muchas cosas y actividades en Africa transcurre lentamente, por el sacrificio y la discriminación.
En las áreas rurales de Africa, las niñas madrugan más que cualquiera e igual que sus madres deben limpiar, cocinar, labrar como los hombres y hacer tareas agrÃcolas demasiado pesadas para su constitución fÃsica. Muchas no tienen oportunidad alguna de ir a la escuela, y deben ocuparse de trabajar en casa y en el campo, mientras sus hermanos hombres tienen quizá oportunidad de educarse en alguna medida y nunca harán trabajo doméstico porque para ello están las mujeres.
El dÃa transcurre lentamente cuando apenas se escuchan los cantos de los pájaros, muchas ya encienden el fuego y se preparan para lavar o limpiar, luego servirán la comida al marido y los hijos, tomarán la compañÃa de sus hijas para lavar ropa, limpiar, ir por los alimentos, ayudar con los animales de crianza en el hogar, hasta que el sol del mediodÃa esté en su mayor esplendor. Ya cocinada la comida, se preparan para recoger hortalizas, cocer prendas, ayudar al jefe de la casa en la recolección de granos y hortalizas hasta que el sol esté a punto de ocultarse, cuando entonces volverán a afanarse ante el fuego y las cacerolas y cocinar los alimentos.
Habiéndose casado como es común en el lugar, muy jóvenes cuidar de la prole numerosa siempre es una tarea adicional y dura, hay que cuidar de los pequeños y vigilar a los mayores. Algunas veces habrá que acudir a un puesto de salud distante muchos kilómetros y vencer los inconvenientes del clima para llevar a alguno de los chicos a ver a un médico. Pero su vida transcurre asà dÃa a dÃa. La maternidad muy joven, los rigores de la vida en el campo y la falta de oportunidades de trabajo, más que todo por la convicción ancestral de que una mujer debe estar en casa y no salir de ahà para nada, las condenan a muchos dÃas olvidadas de si mismas.
En el mejor de los casos envejecen y llevan una vejez calma, si enviudan pasarán a ser la mujer viuda que es cedida al hermano del marido, no hay opción alguna a la libertad, después de todo la vida no ha sido buena desde el principio. Sometidas siendo niñas a la ablación genital, a la rudeza de sociedades en que el machismo impera, y a la falta de condiciones de salud y oportunidades, la vida de las mujeres africanas transcurre cada dÃa sin mucho color en su vida.
Tags: Denuncia, En femenino

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