El corazón agradecido de Navidad
Siendo niños éramos agradecidos con los que nos llenaban los calcetines por Navidad. ¿Por qué no agradecíamos a Dios que llenara nuestros calcetines con nuestros pies? (Gilbert Keith Chesterton)
Me gusta esta reflexión sobre los sentimientos infantiles en la navidad. Tenía razón Chesterton celebrabamos la llegada de los ansiados juguetes, de la época en que la hora de ir a dormir era más tarde y que nada era más importante que esperar la llegada de la noche navideña. Pero niños al fin ¿por qué tendríamos que ponernos serios y agradecer lo que debíamos y no lo que queríamos agradecer en nuestra ingenuidad infantil?
Ahora convertidos en adultos por momentos poco o nada puede alegrarnos la llegada de la navidad. ¿Con cuánta frecuencia nos sentimos nostálgicos por el ayer? y eso sin duda contribuye a que la navidad nos resulte meláncolica. ¿Cuántas veces no nos trae el espíritu navideño el recuerdo de algunos pasados pesares? como diciéndonos que muchos años no borran algún dolor. Que si la crisis, que si las cuotas de la hipóteca, la vida realmente si eso queremos tiene muchas cosas por qué nos preocupemos, sin detenernos a pensar en las cosas buenas que, nuestro corazón debiera reconocer llegada navidad.
No digo que no esperemos con alegría la navidad, me encanta por momentos la navidad, digo por momentos porque siempre logra hacerme sentir añoranza por afectos perdidos, por ausencias inevitables, pero convertidos en adultos, ya no vale alegrarnos y agradecer por juguetes y caramelos. Quizá no pensemos ni aún gente adulta ya, como Chesterton sobre lo enormemente afortunados que somos con cada cosa que poseemos, eso es un regalo maravilloso que tenemos no solo en navidad sino cada día de la vida, lo más importante quizá sea, pensarnos un día y no solo en navidad, que somos tan afortunados que no tenemos que, pensarnos viendo al ayer a los días en que otras cosas nos hacían felices.
Debemos mirar hacia el hoy y ser felices, tanto como podamos, con nuestras preocupaciones, con nuestras pequeñas derrotas y nuestras desilusiones. Felices porque las preocupaciones un día dan paso a la calma, porque derrotados podemos volver a intentar y porque las desilusiones nunca logran arrancarnos la fe. ¿Sino por qué seguiríamos intentando cada día? porque levantarnos cada día y volver a gastarnos esas 24 horas es sin duda tener fe, mucha fe. No hace falta navidad para sentirse optimista, pero debemos reconocer que las fiestas decembrinas nos animan aún sin que lo intentemos, y entonces si la navidad nos resulta tan motivadora, solo hace falta decidirnos a sentirnos cada día cual si fuera una eterna navidad.

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